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El hundimiento

27-07-2014

Valverde acaba el Tour agotado y fuera del podio.

El hundimiento

AP Photo/Laurent Cipriani

foto

Ainara Hernando.  Périgueux (Francia).

En una contrarreloj, la lucha del cuerpo contra la mente, las piernas contra el dolor, el corazón frente al reloj, cada ciclista, sea joven o viejo, experimentado o novel, reconoce ya en las primeras pedaladas cuál va a ser su destino. Y quien observa predice un final feliz o agónico del corredor en faena por el movimiento de la cabeza, el acoplamiento del jinete con la montura, el trazado de las curvas, la penetración en el viento, la facilidad o dificultad para mover el desarrollo, a veces ilógico. Aunque haya 54 eternos kilómetros, como los de ayer entre Bergerac y Pèrigueux. Basta recorrer unos pocos para que el ciclista, que para sus adentros comprende que se queda, sepa qué va a pasar antes de llegar a meta. A Alejandro Valverde le ocurrió en la Vuelta al País Vasco. Se jugaba el triunfo frente a un Alberto Contador que, desbocado, hizo una de las cronos de su vida, y él, ya cuando se montó en la «cabra», lo supo incluso antes de salir: «Hoy no voy». No ganó la carrera y hasta fue desterrado del podio. Aquel día, además, se enfrentó Alejandro también contra Jean Christophe Peraud, un francés, otro más, un desconocido. Esa tarde, sobre 25 kilómetros le metió 27 segundos a Valverde.

Era la última referencia antes de que se produjera el levantamiento francés, que ha sucedido en este Tour, precisamente en Bergèrac, donde hace ahora veinte años Miguel Indurain, tirano, triturador, machacó con dos minutos a Rominger camino de su tercer Tour. Allá, en el mismo lugar donde comenzaba la crono, antes incluso de salir de la ciudad, Valverde supo que no iba a ser su día. Valverde, todo corazón y todo sueño, una década luchando por conquistar Francia, se ha vuelto a dar de bruces contra el Tour. El Tour no le quiere. «Las piernas no respondían», confiesa al final tras el trago. No respondían ni a gritos.

En cuanto tuvo las primeras referencias lo supo Valverde. En el kilómetro 19 se dejaba un minuto y 40 segundos con Jean Christophe Peraud y poco más de uno con Thibaut Pinot. Pesaban las piernas y todas las órdenes que enviaba el cerebro encontraban en el corazón un fielato insalvable. Por el segundo punto intermedio ya se dejaba el ciclista murciano casi dos minutos con el del Ag2r; Peraud se pudo permitir el lujo de pinchar y cambiar la bicicleta. Ni por ésas. Nadie pudo arrebatarle la segunda plaza en la general, en una etapa que ganó, por supuesto, el alemán Tony Martin, y en la que Nibali, poderoso caballero que saltó al ruedo para honrar el maillot «jaune» que hoy paseará por los Campos Elíseos, fue cuarto.

Peraud será hoy segundo en París y Thibaut Pinot, tercero. Dos franceses escoltando al italiano Nibali en los Campos Elíseos. Historia. No ocurría algo similar desde hace treinta años, cuando Laurent Fignon ganó la ronda gala seguido por Bernard Hinault . En 1998 ganó el Tour el último italiano, Marco Pantani. El ídolo de los «tifosi» ya tiene heredero. Es un tiburón. Y no es leyenda. Es de verdad.

La foto de París será un imposible para Valverde. Y lo será seguramente de por vida, ya que, antes de partir hacia Leeds, el murciano era consciente de que ésta sería con toda probabilidad la última oportunidad de alcanzar el sueño, el podio, pues al año siguiente, con Nairo Quintana, entregará sus piernas al colombiano para que gane el Tour, sin que a él se le caiga ningún anillo. «Tampoco vamos a pensar que se termina un ciclo; el Tour es muy importante, pero no lo es todo. Volveré, pero no sé cuáles serán mis objetivos». La meta de Pèrigueux se convirtió de repente en el escenario más macabro para un funeral.

El entierro, también, del ciclismo español. Por segundo año consecutivo los españoles no han levantado los brazos en ninguna de las 21 etapas del Tour. El último fue el propio Valverde, en la etapa de Peyragudes de 2012. En esta ocasión, ni siquiera el podio, como el salvador tercer puesto de Purito Rodríguez el pasado año. Ni la montaña, ni la combatividad. Ni las metas volantes siquiera. Nada de nada.

«La última semana se me ha hecho muy dura, pero todo el Tour ha sido muy duro, con mal tiempo», comentaba alicaído Alejandro. «He luchado, y cuando uno lo da todo no se puede pedir más», se resignaba el ciclista. Es el mejor Tour de Alejandro Valverde en cuanto a posición en la general se refiere, y, a la vez, el que peor sabor de boca le deja. El sueño en sueño se quedará por siempre.

LaRazon.es

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