Entreno por vatios |
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Desde
hace unos pocos años, se han empezado a comercializar una
serie de medidores de potencia que van colocados en diversas partes de
la bicicleta. Gracias a estos dispositivos, es posible conocer la
cantidad de vatios que el ciclista aplica sobre los pedales en todo
momento, lo cual supone una gran ayuda para controlar y planificar el
entrenamiento. La potencia desarrollada es la muestra del trabajo real
realizado con independencia de las circunstancias externas: desnivel de
la carretera, viento a favor o en contra, resistencia
aerodinámica..., por lo que en todo momento sabremos la
intensidad del entrenamiento.

Hasta
ahora, la mejor forma de controlar la intensidad de los entrenamientos
ha sido mediante el registro de la frecuencia cardiaca, lo cual es una
buena aproximación. Sin embargo, la FC se ve influenciada
por múltiples variables (la temperatura ambiente, la mejora
o el empeoramiento de la forma física, el nivel de
hidratación, la fatiga acumulada, el inicio de una
infección, el estrés o el nerviosismo), y en
muchas ocasiones no es un claro reflejo de la intensidad real del
entrenamiento. Además, la FC no mide el trabajo real
realizado, simplemente registra la respuesta del corazón
ante unas circunstancias. Por estos motivos, la evaluación
del rendimiento a través del análisis de la FC no
deja de ser una mera estimación.
Usando
un medidor de potencia se puede evaluar el rendimiento
fácilmente, ya que conocemos el trabajo real producido en un
determinado periodo de tiempo. En el ciclismo en general, lo que
determina gran parte del rendimiento es la cantidad de trabajo o la
potencia que cada ciclista es capaz de producir en su umbral
anaeróbico. Con la ayuda de un medidor de potencia es
posible realizar una serie de tests para conocer ese dato, que se
tomará como punto de referencia para planificar los
entrenamientos cuyo objetivo principal será mejorar la
potencia desarrollada en el umbral. Gracias a estos tests, es posible
conocer las mejoras que se van produciendo con los entrenamientos
realizados.
El gran avance que suponen los medidores de potencia, es que permiten
entrenar exactamente a la intensidad necesaria en cada momento. En los
entrenamientos basados en la FC, no es posible hacer entrenamientos de
series cortas y de alta intensidad con precisión, ya que la
FC se ve afectada por otro factor más: el tiempo de
respuesta desde que se produce el esfuerzo hasta que el
corazón se adapta a él. Usando la referencia de
los vatios, es posible conocer la intensidad de las series desde el
primer segundo de la misma. Otra utilidad de los medidores de potencia
es la posibilidad de saber cuando un entrenamiento de series deja de
ser efectivo. Esto sucede cuando el ciclista va acumulando fatiga y no
es capaz desarrollar la potencia propuesta para cada
repetición. A su vez, el conocimiento del trabajo realizado
supone una gran motivación para superarse a sí
mismo.

Otra utilidad del medidor de potencia es que minimiza el efecto
motivación para entrenar, ya que, independientemente del
estado de ánimo, se sabe que trabajo real se está
realizando. Es muy habitual que debido a la motivación y al
estado de ánimo, haya días en que un ciclista va
muy fácil y se encuentra muy bien, y al día
siguiente, por lo que sea, solo tiene sensaciones de que no anda...Con
el medidor de potencia, podemos saber si esas sensaciones son reales o
si simplemente son sensaciones subjetivas. Así mismo, junto
con la frecuencia cardiaca, podemos prevenir estados de fatiga y
sobreentrenamiento.
El
medidor de potencia no solo tiene su utilidad para entrenar, sino que
durante la competición también sirve para ayudar
a regular los esfuerzos. A través de los entrenamientos, el
ciclista sabe la potencia máxima que puede desarrollar
durante un periodo de tiempo en concreto, por lo que sabrá
hasta que punto puede forzar durante la competición sin que
le suponga un gran esfuerzo.
Potencia absoluta, potencia relativa y aerodinámica

Como se ha señalado, el factor que más influye
sobre el rendimiento ciclista es la potencia en el umbral
anaeróbico. Esta afirmación debe ser matizada en
función de otras dos variables íntimamente
relacionadas: la aerodinámica y la pendiente de la carretera.
Cuando el rendimiento viene marcado por las prestaciones en subida, entra en juego la fuerza de la gravedad, es decir, el peso de la bici y del ciclista. En estas circunstancias, el dato a tener en cuenta es la potencia relativa, que es el resultado de dividir la potencia en el umbral por el peso del ciclista. Un ejemplo: Pepe tiene una potencia absoluta de 320 vatios en el umbral anaeróbico y pesa 78 kg. Por lo tanto, su potencia relativa será de 4,1w/kg. Manolo, aunque tiene una potencia absoluta mucho menor, 270 vatios, como solo pesa 62 kg su potencia relativa es de 4,35w/kg. Cuando la carretera pique para arriba no tendrá problema en dejar a Pepe clavado. De este modo, cuanta más pendiente haya, más diferencia habrá entre ambos.

Sin
embargo, si hablamos de las prestaciones en terreno llano, lo normal es
que Pepe sea capaz de rodar más rápido que Manolo
a poco que vaya bien acoplado a la bicicleta, ya que el rendimiento
depende básicamente de la potencia absoluta y de la
resistencia aerodinámica. A medida que la velocidad va
aumentando, la aerodinámica va teniendo más
importancia. Como en subida, el rendimiento se puede prever con la
siguiente fórmula: potencia absoluta dividido entre
superficie corporal expuesta al avance. Por este motivo, cualquier
mejora en la aerodinámica será determinante para
el rendimiento en terreno más bien llano.
Por todos estos motivos, para aquellos ciclistas que económicamente se lo puedan permitir, la adquisición de un medidor de potencia supone la mejor inversión en el camino de la mejora del rendimiento.










